La necesidad patológica de debatir

Discutir, en principio, debería hacerse sólo para transmitir, comprender y comparar ideas. La gente discute a favor de sus creencias generales o de sus decisiones particulares. Se discute para convencer a otros de que no actúen contra los intereses propios. En efecto, hay gente que vive de convencer a los demás.

Y estamos nosotros, los que perseguimos el debate como un fin en sí mismo. Si en una discusión conseguimos convencer a alguien de algo, eso será secundario, pues para nosotros el debate no es otra cosa que un deporte: la práctica de afinar el razonamiento, afilar el ingenio y presentar nuestros argumentos sin otro motivo que el de ponerlos a prueba.

Alguna vez anoté en mi libreta de fragmentos algo como lo siguiente: un escritor es aquel que tiene la necesidad patológica de opinar y la incapacidad de quedarse calladas sus opiniones. “Patológico”, claro, no es sino un eufemismo para decir “anormal”. Pero opinar es patológico sólo en apariencia, porque puede ser que todos opinemos para nosotros mismos, y que creamos opinar más que los demás sólo por el abrumador sesgo de la muestra.

Debatir, en cambio, es genuinamente patológico, pues la gente prefiere dejar que cada uno opine según prefiera. No estoy conforme con esto (sí, también planeo argumentar en contra de esta idea), y creo que debatir es una de las cosas más sanas, productivas y entretenidas que pueden hacerse. Pero la gente prefiere no causar controversia, y eso es comprensible.

¿Cuál es, entonces, la patología del debate? La respuesta me llegó sin avisar, en una corta discusión que tuve en el Twitter. No cruzamos sino un par de renglones con opiniones supuestamente contrarias antes de darnos cuenta de que en realidad pensábamos lo mismo. Sentí una curiosa satisfacción, que no pude sino atribuirle a la necesidad patológica de estar de acuerdo. Y entonces me convencí de que eso es lo que nosotros buscamos: la justificación de nuestros argumentos en el hallazgo de que alguien más, independientemente, también los pensó.

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Comentarios

  • Jose luis  On enero 31, 2012 at 6:09 pm

    Excelente fabio, me gusto esto, sigue escribiendo, tienes talento viejo, solo te falta la fuerza de voluntad para seguir adelante y terminar las cosas.

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