Féngar, la ignorancia y el agnosticismo

Que todos somos ignorantes es algo que entiendo perfectamente. Lo que sí no puedo entender es que haya personas que se regocijan en la ignorancia, como si ésta fuese un valor digno de mantener; personas que creen que la ignorancia es justificable cuando en realidad es una falla moral, la seña más clara de una desconsideración por el mundo que a todos nos rodea.

Por ejemplo, hay una frase muy extendida en el repertorio de ciertos creyentes: “Dios obra de maneras misteriosas”. Ésta suele ser la respuesta a ciertos cuestionamientos que tienen que ver con el problema del mal, como en el diálogo (ficticio) que sigue:

Ateo: Si  las cosas buenas que te pasan son “gracias a Dios”, ¿lo malo también es “culpa de Dios”?

Creyente: Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Lo malo que nos pasa es también una señal divina; quizás Dios quiere darnos una lección o poner a prueba nuestra fe.

Ateo: Pero a los no creyentes también les pasan cosas buenas y malas. ¿Qué hay de eso?

Creyente: Es porque Dios es misericordioso y cree en ti aunque tú no creas en él. Hay muchos que en la dificultad vuelven su mirada hacia Dios y se hacen devotos.

Ateo: A ver si entiendo. Dios le manda calamidades a quienes no creen para hacer que se conviertan, pero le manda calamidades a quienes creen para poner a prueba su fe.

Creyente: Los caminos de Dios son inescrutables, amigo.

Normalmente, mi respuesta sería: “si Dios trata igual a los creyentes y a los no creyentes, ¿qué importa creer o no creer?”. Pero mi respuesta de hoy va en otra dirección. Hoy diría, más bien, algo como esto:

¿De verdad son misteriosas las maneras de Dios?

¿Cómo puedes afirmarlo con tanta certeza? ¿Cómo lo sabes, cómo lo averiguaste?

Piensa en cómo te sentirías si le preguntaras a un profesor de física cómo funciona la relatividad, y él, incómodo ante tus preguntas, te contestara “el universo obra de maneras misteriosas”. Sería, como mínimo, insatisfactorio.

Si tú no le perdonarías eso a tu profesor de física, ¿por qué debería yo perdonártelo a ti?

(No olvidemos mencionar que Dios es una hipótesis previa, y sin ella la conclusión no puede ser verdadera. Si Dios no existe, tampoco puede obrar de maneras misteriosas).

¿Qué hay del esfuerzo por entender las maneras de Dios? Si es cierto que Dios tiene un método, un criterio para determinar quién recibe el bien y quién no, cuándo impartir el mal y cuándo no, entonces, dada una colección de observaciones y experimentos, adecuada y suficiente, nosotros estaremos en condiciones de averiguar ese criterio. ¿Sirven o no las oraciones? ¡Hagamos un estudio! ¿Las cosas buenas tienden a pasarle a la gente buena más que a la gente mala? De seguro podemos reunir estadísticas al respecto.

“Estás loco. ¿Crees que puedes amañarle la partida a Dios? Tus experimentos jamás darán resultado”.

Aun si el criterio de Dios incluye estropear cualquier intento de discernirlo, lo que veríamos es una sucesión de experimentos que consistentemente evitan ofrecer resultados concluyentes.

“Hay que ser un zángano para perder el tiempo haciendo experimentos dizque para averiguar el método de Dios”.

Lo siento, pero, si Dios existe, sus métodos y criterios son de la mayor importancia, sobre todo si es la clase de tirano universal que lo premia o castiga a uno por lo que lleva en su conciencia. Si está en mis manos evitar un castigo divino, quiero averiguarlo. (Y si el mismo hecho de intentar averiguarlo es causal de castigo, ¡eso también quiero averiguarlo!) No hay tal cosa como perder el tiempo en algo que es tan (literalmente) de vida o muerte.

El punto de toda la discusión es éste: si Dios obra de alguna manera determinada, nosotros podemos saberlo. Y si los métodos de Dios son equivalentes a lo que cabría esperar por el simple azar, también podemos saberlo.

La clase de argumento que he expuesto en esta entrada es una falacia lógica llamada argumento por ignorancia, y básicamente consiste en afirmar que lo que uno dice debe ser verdadero porque no se conocen pruebas en contra. Unos cuantos ejemplos dejarán clara la cuestión:

  • “No me has explicado por qué lo hiciste, así que sin duda lo hiciste de mala fe”.
  • “El gobierno no ha aclarado debidamente la situación, así que existe una conspiración gubernamental para encubrir los hechos”.
  • “La ciencia no ha podido decir cómo se originó el universo, así que debe haber un Creador que sea el origen de todo”.
  • “Confía en mí, mañana no va a llover. Yo sé lo que te digo”.

En nuestro caso particular, el argumento falaz es “no es posible averiguar cómo piensa Dios, así que no te esfuerces al respecto”. Por supuesto, al decir eso lo que haces es conceder la partida antes de empezar siquiera. Si uno declara que algo está fuera del alcance del saber humano, da igual que lo tenga frente a las narices: jamás lo alcanzará. Lo correcto es asumir que el mundo es comprensible (incluyendo a Dios, si existe); tratar de averiguarlo, y luego, después de haber hecho la tarea en vano, concluir que no es posible zanjar la cuestión. Ésa es la manera responsable de resolver un problema.

Es esto de recogijarse en la ignorancia lo que le reprocho a cierta postura filosófica, el agnosticismo, que viene siendo la indecisión al respecto de la existencia de Dios: no puedo decir si existe ni si no existe. El agnosticismo viene en dos versiones:

  • Agnosticismo débil: “no puedo decir nada sobre la existencia o no de Dios”.
  • Agnosticismo fuerte: “no es posible para el ser humano decir nada sobre la existencia o no de Dios”.

El agnosticismo débil es, digamos, la postura más escéptica. Si bien no es absoluto que uno no puede decir nada al respecto de la existencia de Dios (por ejemplo, si Dios existe, no se parece en nada al concepto autocontradictorio que los cristianos tienen de él), lo cierto es que todavía nadie sabe si el mundo tiene un creador o no. (La evidencia tiende hacia el no, pero no es lo mismo “la evidencia tiende hacia el no” que un no definitivo).

Los agnósticos fuertes, en cambio, afirman que en principio es imposible saber nada al respecto de Dios. Y al hacerlo vuelven a caer en el error de argumentar desde la ignorancia. Si es imposible saber nada sobre Dios, ¿cómo lo saben? ¿O están adivinando que la existencia de Dios es un asunto irresoluble? Por supuesto, bien puede ser que un agnóstico tenga razones de peso para sostener el agnosticismo; pero hasta el día de hoy no he visto esas razones. Invito a aquellos lectores que sean agnósticos a sustentar sus afirmaciones, esperando salir de mi ignorancia al respecto.

El argumento por ignorancia es una de las falacias lógicas más frecuentes, y ocasionalmente es difícil de detectar y corregir. Como matemático y como aficionado a pensar, creo que la ignorancia desempeña un papel fundamental en nuestra comprensión del mundo, pero (como señalaba al comienzo) ese papel no puede ser el de darle una falsa justificación a afirmaciones que no tienen fundamento.

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Comentarios

  • Cuauhtemoc Sosa  On octubre 15, 2012 at 12:38 pm

    Good.

  • maria  On octubre 15, 2012 at 8:41 pm

    por que cuando te refieres a Dios lo pones tan antropomorfo?

  • Fabio García  On octubre 15, 2012 at 8:50 pm

    ¿Tienes alguna noción de dios que sea fundamentalmente distinta a la de un ser humano celestial con superpoderes?

  • maria  On octubre 15, 2012 at 9:37 pm

    el concepto de un Dios-ser humano superpoderoso no tiene nada que ver con el concepto que muchas personas tenemos, vale para inquietarme y leer un poco mas.

  • Fabio García  On octubre 15, 2012 at 9:46 pm

    Muy bien. En cualquier caso, en esta entrada no me refería a una noción de dios, sino a la forma en que algunas personas basan sus creencias en la ignorancia.

  • Yuri Taikatsu  On octubre 19, 2012 at 7:05 am

    Hola señorito, ¿tiene wordpress? u/u La primera parte me recuerda a mi eterna pregunta de “si Dios lo sabe todo y ama a todos por igual, ¿por qué escogió el regalo de Abel sobre el de Caín?”. Se supone que debería de inferir o saber lo que iba a pasar, ¿no? Pero equis, Dios obra de manera misteriosas (?); me puedo comer el cuento de que sí, pone a prueba la fé de los demás, puede creer en ti aunque tú no creas en él, pero lo del tirano se me quedó pegado en la retina o_o Btw, ¿cuándo empezamos el estudio y me sacas de la ignorancia?

  • K J NIELSEN  On noviembre 22, 2013 at 6:06 pm

    Un punto que me desconcierta del agnosticismo es el del supuesto empate entre las razones y evidencias que presentan los creyentes y los no creyentes. Sobre todo cuando ese empate parte de la idea equivocada que para saber algo hay que tener certeza absoluta. Pero de hecho la balanza se inclina y podemos considerar que hay razones y evidencias que apoyan la probabilidad de la no existencia de Dios. Pero para ellos todas las razones tienen el mismo peso. Y no hay mejor razón que otra porque no podemos acceder a la verdad absoluta. De esa postura se puede concluir algo que es inaceptable para el mejor sentido común, no podemos saber nada sobre nada. Entonces debemos mantenernos agnósticos en relación a la no existencia de unicornios, sirenas y esfericidad de la tierra.

  • Fabio García  On noviembre 23, 2013 at 1:12 pm

    Tal cual, K J Nielsen. ¡Gracias por comentar!

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