Féngar y la novena

Para los lectores que no lo sepan, en Colombia existe la tradición navideña de hacer la Novena de Aguinaldos, que consiste en reunirse en familia durante las nueve noches anteriores a la Navidad, rezar oraciones, cantar villancicos, (ocasionalmente) reflexionar acerca del significado de la Navidad, y (por lo general) comer. Y esta vez, como todos los años, me reuní con mi familia para hacer la novena.

Pero, a diferencia de todos los años, esta vez elegí no rezar las oraciones. Hoy aprovecho para explicar los motivos tras esa decisión, no sólo porque eso da pie a ciertas malinterpretaciones del tipo “ay, sí, tan ateo”, sino porque me da oportunidad de hablar un poco sobre lo que opino de la novena y cómo esa opinión ha cambiado con los años.

Para los lectores que no lo sepan, cada día de la novena tiene la siguiente estructura (http://www.colombia.com/navidad/novena/):

  1. Se cantan villancicos (mientras todos los invitados terminan de llegar y acomodarse)
  2. Se reza la Oración para Todos los Días (que está mal nombrada, ya que las demás también se rezan todos los días)
  3. Se reza la Oración a la Santísima Virgen
  4. Se reza la Oración a san José
  5. Se lee la consideración del día correspondiente (el relato corre a lo largo de los nueve días, y va desde que Dios decide encarnar hasta el nacimiento de Jesús en el pesebre)
  6. Se reza la Oración al Niño Jesús
  7. Se cantan los Gozos (éstos vienen siendo como unas coplas a la venida del Niño Jesús, que se declaman entre coros de “ven a nuestras almas, ven no tardes tanto” que son cantados)
  8. Se cantan más villancicos (mientras se sirve la comida, generalmente)

Dentro de esta estructura, yo decidí abstenerme de hacer las oraciones (incluyendo los padrenuestros y avemarías que las suceden), y en cambio comprometerme a leer las consideraciones desde el primer día hasta el último. Esto obedece, en principio, a que no me gusta rezar; pero también a que el mensaje de la novena, el contenido de las oraciones, es uno que no puedo compartir.

Cuando estaba más pequeño, los textos de la novena me producían una fascinación particular. Encontraba en ellos un estilo misteriosamente atrayente. Siempre he tenido buena memoria, y eso me ayudaba a aprenderme los textos; mi familia se llevó una sorpresa la vez que recité de memoria la Oración al Niño Jesús, no porque fuese un acto de devoción, sino porque la costumbre la había dejado impresa en mi mente (aún hoy en día recito de memoria alguno de los gozos, aunque ya no causa la misma sorpresa). Todo esto fue haciendo que yo le cobrara cariño a los textos, aunque su significado me fuera ajeno incluso entonces.

Luego, hace algunos años, cayó en manos de una de mis tías un ejemplar de una novena modernizada, en que las usuales oraciones se habían reescrito para orientarlas más hacia la vida en familia, y el relato del nacimiento de Jesús se había sustituido por reflexiones sueltas sobre los valores humanos; todo escrito con el lenguaje empalagoso y lleno de adjetivos de quien escribe, digamos, un texto motivacional. Incluso se habían agregado unos cuantos gozos, abandonando (para mi frustración) el particular esquema de rimas de los gozos tradicionales, y sin la más mínima sombra de la hermosa lírica de los originales.

Por eso yo fui el primero en objetar (para esa época ya era estudiante de literatura, y la falta de estilo de los textos nuevos me preocupaba de verdad); y quizás por eso acabamos adoptando la costumbre de leer ambos textos: el tradicional y el moderno, con la afortunada excepción de los gozos. Un par de navidades después, ya nos habíamos dado cuenta de que las reflexiones nuevas y las viejas no tenían una relación aparente, y me hice el propósito de hallarla. Novena en mano, comencé a leer con detenimiento, esperando hallar esa conexión.

Pero lo que encontré fue algo que no me esperaba.

Al hacer el contraste con las reflexiones nuevas, que se detienen en valores como la sinceridad, la generosidad, el diálogo… me di cuenta de que la novena tradicional contiene un único valor: la sumisión. La sumisión de Dios al elegir encarnarse para sufrir como hombre y perdonar el pecado original; la sumisión de María al declararse esclava de Dios y acogerlo en su vientre; la sumisión del niño Jesús, todavía no nacido, al elegir llegar al mundo en el tiempo preciso para registrarse en el censo del emperador. La sumisión, día tras día y oración tras oración.

Esto se me hizo chocante. ¿Cómo podían gustarme tanto esos textos, que hablaban sólo de renunciar a la voluntad propia para acoger la voluntad de un dios que nadie ha visto, que nadie escucha y que (si hacemos caso a algunos creyentes) se niega deliberadamente a revelarse? ¿Qué chiste malo es ése de un creador que le da albedrío a su criatura con el solo propósito de que ésta renuncie a él? Sobre todo, ¿por qué ese feudalismo mental: ese desprecio por la condición humana en favor de la divina; ese rechazo a usar la razón, la única facultad que nos hace realmente humanos?

¿Por qué prestarle atención, en todo caso, a un mensaje tan deprimente como ése?

(Por supuesto, éstos son racionalismos post facto que yo hago ahora que ya soy ateo y escribo sobre ateísmo en un blog. En el momento, quizás pensé algo más parecido a que la novena tradicional, a pesar de su belleza formal, era mucho más vacía de contenido que la estilísticamente sosa novena modernizada; sólo eso me bastó para que yo comenzara a perderle el cariño a los textos).

En las navidades siguientes, las consideraciones de cada día fueron dejando de gustarme, aunque seguí leyendo y rezando como si nada. Con el tiempo, al acto de leer las reflexiones viejas y nuevas le fuimos agregando pequeños comentarios personales de los asistentes sobre los distintos valores; comentarios que con los años se han ido convirtiendo en animadas discusiones (inagotables, afortunadamente); estos comentarios se convirtieron en mi refugio en una novena cuyo mensaje era ya opuesto al mío.

Un refugio imperfecto, pues ahí mismo en el “octavo día para afianzar la fe” aparece otro valor con el que no me identifico. Y el año pasado, ya identificándome como ateo, elegí ser sincero con mi familia y compartir mi reflexión: la fe no es ninguna cualidad positiva. Lo positivo es la duda, la voluntad de renunciar a las ideas equivocadas, matizada por la certeza provisional de quien ve comprobadas sus hipótesis. No la fe en uno mismo, sino el conocimiento de uno mismo; no la fe en los demás, sino la amable desconfianza; ciertamente no la fe en un dios que no hace sino esconderse… Ojalá lo hubiera dicho con estas palabras el año pasado; en cambio, como suele suceder, mis ideas se atropellaron y no pude darme a entender como quería. Este año planeaba repetirlo con más claridad, pero un oportuno viaje navideño nos dejó sin los dos últimos días de la novena.

En el año y pico que llevo familiarizándome con el ateísmo, mis ideas se han ido afianzando (lo cual es bueno y malo). Me he dado cuenta, por ejemplo, de que rezar es inútil en el peor de los casos, y en el mejor, una vana muestra de buena voluntad. Eso me llevó a rechazar las oraciones; mas no los cantos y la poesía de los gozos, que considero un inofensivo recuerdo del mito que hace un puñado de siglos le dio origen a esta tradición. En realidad no me incomoda cantarle al relato del Niño Jesús, ya que los cantos no lo hacen ver como algo más que un relato. La oración, en cambio, convierte la novena en un acto de devoción, y es eso lo que me lleva a negarme.

Sin embargo, gracias a la novena de este año, me di cuenta de varias cosas sobre mí mismo, no todas buenas. La más importante es que mi ateísmo sigue siendo demasiado tímido.

En el primer día, cuando dije que no me pusieran a rezar, lo dije con una voz tan baja y remilgada que a más de uno he debido darle la impresión de que no estaba hablando en serio.

En una ronda de avemarías (después de la Oración a la Santísima Virgen deben rezarse nueve, y en la familia acostumbramos hacerlo asiento por asiento), cuando me tocaba a mí (rehusarme), preferí rezar de todos modos, por el temor a que ciertos invitados mayores (fácilmente escandalizables, quizá) reaccionaran interrumpiendo la novena.

A pesar de que me había comprometido a leer las reflexiones diarias, (por haberlo hecho con tal falta de personalidad) no establecí que prefería leer las modernas en lugar de las antiguas; en cambio, me pusieron a leer las antiguas por toda la novena, lo cual hice con bastante desagrado, ya que es en ellas donde el desagradable mensaje de la novena se manifiesta con más fuerza. Sin embargo, lo hice con la convicción de que yo era el único con la capacidad y la voluntad de explicar lo perverso que era ese mensaje (cosa que de todos modos no hice).

Por eso quiero hacerme un propósito firme para la novena del próximo año: el propósito de discutir y criticar el mensaje con la sinceridad que le debo a mis convicciones, pero también con la cordialidad que siempre me ha caracterizado al asistir. Y por supuesto, sin interrumpir lo que ya se ha convertido en una tradición familiar, antes que religiosa.

Hasta entonces.

Adenda. Hace unos días, un amigo mío publicó el siguiente mensaje en su Facebook:

Asi como cuando tu unico amigo ateo declarado Fabio García no monda una novena y tu no has ido a ninguna, bueno asi.

Y éste es un reclamo muy común que le hace mucha gente a los ateos: que somos hipócritas por participar en tradiciones religiosas. Un reclamo tan común, en efecto, que hay que dedicarle una entrada entera del blog, quizá más de una. Y aunque por este motivo no pensaba referirme a eso todavía, sí tengo algo muy breve que decir al respecto, lo suficientemente breve como para hacer de ello una posdata a estos párrafos:

¿Hipócritas nosotros por participar en tradiciones religiosas? Hipócritas los creyentes por tomar las tradiciones religiosas, quitarles todo el trasfondo religioso, convertirlas en una costumbre social, y a pesar de todo decir que los ateos somos hipócritas por disfrutar de ellas. Si no ir a la novena no te convierte a ti en ateo, sí ir tampoco hace que yo deje de serlo.

En efecto, si yo pensara que la tradición de la novena es inseparable de su origen religioso, sencillamente no iría a la novena. Esa falsa crítica que se le hace a los ateos solamente demuestra una absoluta falta de interés por saber cómo piensan realmente los ateos, y por qué ciertas tradiciones no nos incomodan (en cuanto tradiciones, a pesar de oponernos al contenido).

Creo que con esto mi amigo puede darse por contestado.

Anuncios
Trackbacks are closed, but you can post a comment.

Comentarios

  • Jonathan Prieto (@d555_)  On diciembre 28, 2012 at 11:12 pm

    Bastante clara la situación y análoga a la mía. Sin embargo, sin ser de ningún bando mi posición, la religión es un asunto irrelevante para mi. Cuando se pertenece a un familia donde se reza la novena, nosotros “los desobedientes de fe”, como así yo llamo. Debe presentarse como esa bello momento donde se reune toda la familia, el cual debe ser tratado como un acontecimiento por encima de las creencias de cada uno. Y por ese mismo hecho, abandonar esos prejuicios y participar en la novena, completamente. Yo personalmente asisto e interpreto la guitarra por el hecho de ver sonreir a mis padres mientras sucede toda la parafernalia para cantar un rato y disfrutar de la compañia. La hipocresía de asistir por ser ateo o no creer la entenderán los desantendidos.

  • Fabio García  On diciembre 29, 2012 at 4:18 am

    Gracias por su comentario, profesor. Coincido en que hacer la novena está más allá de los credos, y es ante todo una reunión familiar. Sin embargo, mientras la novena mantenga todavía un componente religioso, yo elijo hacer patente mi oposición a él (procurando no pertubar el transcurso de la reunión).

    Por otro lado, no estoy de acuerdo con su postura de que la religión es irrelevante. Afirmar tal cosa es cegarse a la multitud de formas en que la religión influye en la sociedad, tanto en los que creen como en los que no.

  • Maria Echq  On enero 3, 2013 at 9:12 pm

    La esencia de la novena es la preparación para la Navidad, es decir que es de naturaleza religiosa y es básicamente católica. Sin embargo, ateos declarados o soterrados bien pueden disfrutar de una oportunidad para compartir, debatir (amablemente), escuchar la opinión de otros, divertirse con los cantos y juegos de palabras y comer (sobre todo esto). El respeto a las tradiciones familiares no contraviene el libre albedrío, seguramente si bien las mas ancianas asistentes se escandalizarían, el debate respetuoso podría aportar algo a sus vidas….o como dice el dicho “lo cortés no quita lo valiente”.

  • Fabio García  On enero 3, 2013 at 9:22 pm

    En efecto, la novena es una preparación para la Navidad. Sin embargo, por cuanto yo considero que la Navidad tampoco es una festividad religiosa, ese componente católico que tú ves como esencial yo lo considero apenas accesorio, y prefiero hacer abstracción de él.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: