La naturaleza del método científico

Algunas consideraciones sobre el carácter del método científico, motivadas por un fragmento de una conferencia del físico Richard Feynman.

Feynman se refiere al método para descubrir nuevas leyes de la física:

En general, uno busca una nueva ley por el siguiente proceso: primero, la adivinamos. Luego—no se rían, eso es lo que se hace—luego calculamos las consecuencias de esa conjetura para saber, si esta ley que postulamos fuera correcta, lo que eso implicaría. Y luego comparamos el resultado de ese cálculo con la naturaleza, es decir, lo comparamos con experimentos, o con la experiencia; lo comparamos directamente con lo observado para ver si funciona.

Si no concuerda con el experimento, está errado. En esa frase sencilla está la clave de la ciencia. No importa lo bonita que sea tu conjetura, no importa lo inteligente que sea quien la planteó, ni cómo se llame—si no concuerda con el experimento, está errada. Y eso es todo.

En resumen, el método científico consta de cuatro pasos:

  1. Proponer una respuesta a una pregunta dada.
  2. Calcular qué consecuencias habría si la respuesta fuera correcta.
  3. Comparar el cálculo con la realidad a ver si las consecuencias se verifican.
  4. Si no se verifican, la respuesta está mal.

Si se verifican, ¡magnífico!, puede que estés bien encaminado. ¡Puede! Pero si no, entonces tu respuesta estaba equivocada. Eso es a la vez lo malo del método (que no provee respuestas definitivas) y lo bueno (que sí permite descartar definitivamente las respuestas erróneas).

Ahora bien, el método no está completo si no se llevan a cabo los tres pasos en su debido orden. Por ejemplo, es muy fácil proponer una respuesta y quedarse tan ancho: “¿Anda desempleado? Seguro que es un flojo de primera”. Entonces uno se queda con la sensación de haber resuelto el problema, y no llega a conocer la verdadera respuesta (resulta que era un trabajador serio y diligente, pero perdió su empleo porque se llevaba mal con algunos de sus colegas). Eso se llama prejuzgar, y es lo que resulta cuando uno ejecuta el paso 1 pero omite luego el paso 2. Me parece que la gente tiene una tendencia a proponer hipótesis que a primera vista son sensatas, y eso es bueno: es el primer paso. Lo malo es que después no se preocupen por comprobarlas y se queden en el prejuicio.

En cambio, cuando uno efectúa los pasos 1 y 2 pero olvida el 3, lo que hace es saltar a las conclusiones: “¿Anda desempleado? Seguro que es un flojo de primera” (paso 1: plantear una hipótesis). “Si es así, entonces su rendimiento debe haber sido bajo en su empleo anterior, y por eso lo despidieron” (paso 2: calcular las consecuencias). “Por tanto, yo tampoco lo contrataré” (¡Momento!).

Resulta que no: que el sujeto sería un buen trabajador. Y uno podría evitar ese salto a una conclusión equivocada si siguiera el paso 3: hacer el experimento. Por ejemplo, estudiar las referencias del candidato, para verificar que de hecho su rendimiento no fue bajo en el trabajo anterior. Es lo que haría un científico juicioso, y es lo que pienso que deberíamos hacer todos cada vez que queremos resolver un problema.

Por último, no hay que olvidarse de ejecutar también el paso 4. Mejor dicho, si el experimento fracasa, hay que descartar la conjetura sin poner excusas: “Llamé a su empresa anterior y me dijeron que era un trabajador eficiente… pero yo sé que debe ser un flojo, así que sin duda mintieron para salvarle la reputación”. Eso es lo que se llama una hipótesis ad hoc, lo que significa que uno se la inventa para explicar el fracaso del experimento y no tener que desechar su respuesta errónea. Cambiar de opinión no es fácil, y uno tiende a poner hipótesis ad hoc incluso sin darse cuenta.

Para evitarse todos estos errores, yo propongo usar los siguientes recordatorios:

  1. ¿Tienes una pregunta? Escribe una posible respuesta. Mejor aún: varias posibles respuestas.
  2. Recuerda que tu respuesta no tiene por qué ser correcta. Piensa en qué pasaría si tu respuesta fuera correcta, qué pasaría si fuera incorrecta, y qué sería distinto en ambos casos.
  3. Recuerda hacer el experimento para distinguir cuál de todos los casos corresponde a la realidad.
  4. ¿Los resultados del experimento no concuerdan con tu respuesta? Recuerda descartarla sin poner excusas.

¡Y pum! Ciencia sin tener que salir de casa.

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