Category Archives: Argumentación

Féngar, la ignorancia y el agnosticismo

Que todos somos ignorantes es algo que entiendo perfectamente. Lo que sí no puedo entender es que haya personas que se regocijan en la ignorancia, como si ésta fuese un valor digno de mantener; personas que creen que la ignorancia es justificable cuando en realidad es una falla moral, la seña más clara de una desconsideración por el mundo que a todos nos rodea.

Por ejemplo, hay una frase muy extendida en el repertorio de ciertos creyentes: “Dios obra de maneras misteriosas”. Ésta suele ser la respuesta a ciertos cuestionamientos que tienen que ver con el problema del mal, como en el diálogo (ficticio) que sigue:

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Por eso no confío en los teólogos

John W. Loftus es un filósofo estadounidense, crítico de la religión y defensor del ateísmo. Es autor de varios libros de crítica al cristianismo, inspirados en los libros de autores como Sam Harris y Richard Dawkins.

Loftus mantiene un blog, Debunking Christianity (“desmintiendo el cristianismo”). Entre las ideas que divulga está la Prueba del Ajeno para la Fe (“Outsider Test for Faith”), la noción de que cada creyente debe examinar sus creencias como si fuera un ajeno, un observador externo a ellas.

Una de las críticas que suele hacérsele a Dawkins es que al hacer afirmaciones sobre la existencia de Dios está saliéndose de su ámbito, ya que ese asunto concierne exclusivamente a filósofos y teólogos. En una entrada reciente, Loftus explica por qué esa clase de críticas carece de fundamento:

Pongamos que un reconocido experto en gatos afirma que un gato habló. No hay que ser un experto en gatos para decir que se necesita la evidencia de ello. Tampoco necesitamos una teoría del conocimiento para ponerlo en duda. Pero si tú crees que el gato habló, sí te hace falta. Tendrías que inventarte una buena dosis de gimnasia intelectual para que los demás pensaran que tu afirmación es decente. Moraleja: Tampoco hay que entender mucho de epistemología ni de teología sofisticada para poner en duda la existencia de Dios. En efecto, hasta un niño puede hacerlo.

La necesidad patológica de debatir

Discutir, en principio, debería hacerse sólo para transmitir, comprender y comparar ideas. La gente discute a favor de sus creencias generales o de sus decisiones particulares. Se discute para convencer a otros de que no actúen contra los intereses propios. En efecto, hay gente que vive de convencer a los demás.

Y estamos nosotros, los que perseguimos el debate como un fin en sí mismo. Si en una discusión conseguimos convencer a alguien de algo, eso será secundario, pues para nosotros el debate no es otra cosa que un deporte: la práctica de afinar el razonamiento, afilar el ingenio y presentar nuestros argumentos sin otro motivo que el de ponerlos a prueba.

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La razón no es un plástico

El mundo está lleno de opiniones, muchas de ellas tan difíciles de aceptar o rechazar que dan lugar a debates aparentemente interminables. Yo solía creer que la razón es extremadamente flexible y que cualquier postura, cualquier idea, puede justificarse si la doblamos de la manera adecuada; y pensaba, por tanto, que la razón no es suficiente para conocer el mundo en realidad.

A mi manera, tenía razón y estaba equivocado. Es verdad que la razón no es suficiente para conocer el mundo, pero eso se debe a que nada puede justificarse sólo a partir de la razón. Las cosas se justifican a través de la razón, pero a partir de la experiencia. Por eso, nuestro razonamiento se subordina a nuestra experiencia del mundo, y aquello que no es congruente con la experiencia no puede justificarse con ningún razonamiento, sin importar cuán retorcido sea.

Las matemáticas y la axiomática

Uno de los tropos más frecuentes en matemáticas es la idea de que el oficio de un matemático es el de un jugador, y las matemáticas son un juego. Muchos de mis compañeros reconocen que su gusto por los números comenzó como una afición a los juegos mentales, y es costumbre que las presentaciones más concurridas en los congresos sean las de matemática recreativa. Pues bien, todo juego tiene sus jugadores, sus reglas y sus objetivos; ¿cuáles son las reglas y los objetivos para nosotros, los jugadores de matemáticas?

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