Category Archives: Fengarismos

El vértigo de los mapas

Yo hace rato le tengo una fascinación a los mapamundis. No es exactamente por las dificultades que hay para proyectar una superficie curva en un plano; es más bien por la sensación de vacío, de vértigo que me da al contemplar la inmensidad de la superficie terrestre. Para que el lector entienda a qué me refiero, lo animo a que se entretenga primero con este globo terráqueo virtual, relativamente inofensivo.

A la hora de proyectar la (cuasi)esfera terrestre en una superficie plana, hay varias dificultades que deben resolverse. Cualquier proyección de una superficie curva sobre un plano debe renunciar a conservar los ángulos, las formas o las áreas. Las “mejores” proyecciones son aquellas que logran un equilibrio entre estas tres pérdidas. Tal es el propósito, por ejemplo, de la proyección Winkel-tripel:

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¿A qué se dedica Féngar ahorita? Y otros racionalismos

La falta de disciplina que siempre me ha caracterizado hace que la aventura de llevar un blog bien llevado me resulte prácticamente imposible. Llevo una semana sin escribir mayor cosa, y no es por falta de ganas.

Estoy preparando varios temas, unos cortos y otros largos, y cada tanto se me ocurren ideas nuevas que no consigo desarrollar. Todavía me toca escribirle el diario de lectura a mis lecturas pendientes (que ya terminé), escribir una segunda entrega de “Falacias matemáticas” y explicar por qué es importante pensar bien.

Mientras tanto, están los múltiples talleres de Sistemas y Algoritmos, el estudio independiente de Teoría de Números, los artículos sobre lenguajes formales, el curso de Cálculo Vectorial que recién comienza, el fútbol, y otras cuantas actividades pendientes.

¿Abandonar el blog, pues? Nada de eso. El blog está en su primera etapa, en la cual comienzo a reunir mis ideas y desarrollarlas de manera coherente, nada más que para mí mismo. A estas alturas, la publicidad es mi manera de hacerles saber a ustedes, mis lectores, que tengo un proyecto. Más adelante esto toma forma, y sólo entonces desaparecerán las excusas.

La necesidad patológica de debatir

Discutir, en principio, debería hacerse sólo para transmitir, comprender y comparar ideas. La gente discute a favor de sus creencias generales o de sus decisiones particulares. Se discute para convencer a otros de que no actúen contra los intereses propios. En efecto, hay gente que vive de convencer a los demás.

Y estamos nosotros, los que perseguimos el debate como un fin en sí mismo. Si en una discusión conseguimos convencer a alguien de algo, eso será secundario, pues para nosotros el debate no es otra cosa que un deporte: la práctica de afinar el razonamiento, afilar el ingenio y presentar nuestros argumentos sin otro motivo que el de ponerlos a prueba.

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La razón no es un plástico

El mundo está lleno de opiniones, muchas de ellas tan difíciles de aceptar o rechazar que dan lugar a debates aparentemente interminables. Yo solía creer que la razón es extremadamente flexible y que cualquier postura, cualquier idea, puede justificarse si la doblamos de la manera adecuada; y pensaba, por tanto, que la razón no es suficiente para conocer el mundo en realidad.

A mi manera, tenía razón y estaba equivocado. Es verdad que la razón no es suficiente para conocer el mundo, pero eso se debe a que nada puede justificarse sólo a partir de la razón. Las cosas se justifican a través de la razón, pero a partir de la experiencia. Por eso, nuestro razonamiento se subordina a nuestra experiencia del mundo, y aquello que no es congruente con la experiencia no puede justificarse con ningún razonamiento, sin importar cuán retorcido sea.

Producción y consumo: una presentación

Hoy es primero de enero del 2012, un día magnífico para emprender cualquier cosa, y en particular este blog. Las ideas que pretendo publicar ya llevan tiempo gestándose en mi cabeza, aunque el propósito de abrir una bitácora no había aparecido hasta el recién terminado diciembre; sin embargo, decidí posponer la apertura hasta el nuevo año, en parte por motivos estéticos, en parte para darme tiempo de desarrollar mis pensamientos un poco mejor.

Soy Fabio Enrique García. Soy un colombiano de veintidós años, estudiante de matemáticas, exestudiante de literatura, interesado en escribir y leer, en aprender y enseñar. Injustamente me precio de ser racional (aunque en el fondo mi comportamiento es de lo menos racional posible), de mi gusto por la lectura (en realidad mis hábitos lectores han sido construidos por internet) y de mi afición a discutir (aunque, más que discutir, lo que yo hago es exponer mis muy personales opiniones).

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