Category Archives: Sistema de pensamiento

La naturaleza del método científico

Algunas consideraciones sobre el carácter del método científico, motivadas por un fragmento de una conferencia del físico Richard Feynman.

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Retrospectiva: el primer año de Féngar Dice

calendarHace un año y un día me las arreglé para que la apertura de mi blog coincidiera con la apertura del año 2012. Mi propósito era hacer, en los primeros días del año, ociosos como pocos, una relectura de mi blog para evaluar lo publicado durante el año anterior. En esta ocasión la tengo bastante fácil (eso es bueno) debido a la escasez de artículos (eso es malo), así que quiero arrancar diciendo que mi propósito para el 2013 es mantener mejor este blog.

Echémosle un vistazo a todo lo que hice este año:

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Féngar, la ignorancia y el agnosticismo

Que todos somos ignorantes es algo que entiendo perfectamente. Lo que sí no puedo entender es que haya personas que se regocijan en la ignorancia, como si ésta fuese un valor digno de mantener; personas que creen que la ignorancia es justificable cuando en realidad es una falla moral, la seña más clara de una desconsideración por el mundo que a todos nos rodea.

Por ejemplo, hay una frase muy extendida en el repertorio de ciertos creyentes: “Dios obra de maneras misteriosas”. Ésta suele ser la respuesta a ciertos cuestionamientos que tienen que ver con el problema del mal, como en el diálogo (ficticio) que sigue:

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Por qué soy ateo

Si a aquellos lectores que me conozcan personalmente les llega como una sorpresa mi afirmación de ateísmo, no tiene nada de raro. Mi decisión de afirmarme públicamente como ateo es bastante reciente. Sin embargo, no tiene nada de casual: el ateísmo no me cayó del cielo como una revelación, ni tomé la decisión de hacerlo público sólo por un impulso pasajero.

De todas las cosas que le agradezco a mis padres, una de las más particulares es el hecho de que no me hayan adoctrinado en ningún credo; no pasaron de bautizarme en la religión católica y tal vez llevarme a misa un par de veces. Tal parece que yo fui un niño muy curioso, y ellos, antes que responder a mis preguntas señalando al cielo y nombrando al Creador, alimentaron mi curiosidad con libros y enciclopedias. Cuando comencé a relacionarme con eso que llamaban la religión, no tardé en verla con ojos suspicaces. La idea de un señor de barba blanca que, sentado en su trono celestial, juzgaba y castigaba a los mortales nunca me pareció más que una bonita fábula.

Hasta ahí la religión y yo nos llevamos muy bien, pero la paz no podía durar mucho: en mi colegio se dictaban clases de religión católica.

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La razón no es un plástico

El mundo está lleno de opiniones, muchas de ellas tan difíciles de aceptar o rechazar que dan lugar a debates aparentemente interminables. Yo solía creer que la razón es extremadamente flexible y que cualquier postura, cualquier idea, puede justificarse si la doblamos de la manera adecuada; y pensaba, por tanto, que la razón no es suficiente para conocer el mundo en realidad.

A mi manera, tenía razón y estaba equivocado. Es verdad que la razón no es suficiente para conocer el mundo, pero eso se debe a que nada puede justificarse sólo a partir de la razón. Las cosas se justifican a través de la razón, pero a partir de la experiencia. Por eso, nuestro razonamiento se subordina a nuestra experiencia del mundo, y aquello que no es congruente con la experiencia no puede justificarse con ningún razonamiento, sin importar cuán retorcido sea.

Las matemáticas y la axiomática

Uno de los tropos más frecuentes en matemáticas es la idea de que el oficio de un matemático es el de un jugador, y las matemáticas son un juego. Muchos de mis compañeros reconocen que su gusto por los números comenzó como una afición a los juegos mentales, y es costumbre que las presentaciones más concurridas en los congresos sean las de matemática recreativa. Pues bien, todo juego tiene sus jugadores, sus reglas y sus objetivos; ¿cuáles son las reglas y los objetivos para nosotros, los jugadores de matemáticas?

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Solipsismo

Aunque en el texto que sigue voy a referirme a mi experiencia personal, no creo que la mía diste mucho de lo que cualquier persona habría podido pensar en algún momento de la vida. Me atrevo a decir que todos hemos pasado por la idea de que nuestra propia mente es lo único que en realidad existe, y el exterior bien podría ser una ilusión muy elaborada, incluso una obra escrita y dirigida para nuestro beneficio, y sólo el nuestro.

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