Escribir bien las matemáticas

Como matemático, a uno le toca escribir mucho, lo que representa una oportunidad de esforzarse por escribir bien. Es un esfuerzo que uno debe hacer, no sólo porque tus colegas te agradecerán que tus teoremas sean más legibles, sino porque escribir limpiamente es pensar limpiamente y hacer mejores matemáticas.

Por qué las cosas que uno escribe necesitan ser largas

1. Ejemplos. No hay teoría que valga sin una colección adecuada de ejemplos. Para exponer los ejemplos se necesita escribir cosas largas.
2. Historias. Siempre oigo decir que la mejor forma de llegarle al lector es contarle una historia. Las historias normalmente precisan cierta longitud.
3. Matices. Si uno se queda en muy pocas palabras, es muy fácil caer en blanquinegrismos y en sentencias absolutas. Para ser minucioso, iluminar las sutilezas y dejarle el mínimo posible de puertas a la malinterpretación se necesita espacio para explicarlo todo.

Primeras notas hacia la búsqueda del éxito en un blog

Escribir un blog no es difícil. Lo que es difícil es escribir un blog exitoso.

Al decir “exitoso” me refiero al blog que cumple con los objetivos que su autor le asigna. Por ejemplo, a mí me gustaría tener un blog que incentive a los lectores a regresar a él, a leerlo, a comprenderlo y (como mínimo, si todo lo demás falla) a pensar.

Olvidándonos por un momento de la evidente soberbia que hay en pretender poner a pensar a los demás, ¿cómo consigue uno eso? A mí me gusta mucho compartir mis pensamientos, y me gusta mucho creer que mis pensamientos son distintos a los pensamientos de los demás. Si uno fuese a plantear un modelo, tendría que hacer los siguientes supuestos:

  1. Mis pensamientos son, de hecho, diferentes a los de los demás.
  2. Leer pensamientos distintos a los suyos propios estimulará, de hecho, a mis lectores a pensar.

Demos por hecho el supuesto número 1 sin la discusión que se merece, y concentrémonos en el 2. ¿Es verdad que basta pensar distinto para provocar a los lectores?

(Media hora buscando citas en un libro de crítica literaria, luego otra hora organizando estantes en busca de una libreta añeja al notar que las tales citas no aparecen donde se creía que estaban. Luego unos diez minutos buscando en internet hasta que la dichosa cita aparece, resultando ser mucho menos relevante de lo que se esperaba).

El crítico norteamericano Harold Bloom, escribiendo sobre el canon literario de Occidente, declara: “Uno solo irrumpe en el canon por fuerza estética, que se compone primordialmente de la siguiente amalgama: dominio del lenguaje metafórico, originalidad, poder cognitivo, sabiduría y exuberancia en la dicción” (Bloom, p. 39).

Pero si eso de poner a los lectores a pensar ya era bien pretensioso, aspirar a convertirse en clásico lo es más todavía. En cualquier caso, yo no busco hacer literatura, salvo en la medida en que poner por escrito mis pensamientos implica escribirlos. Lo que yo quiero es apenas (?) que la gente disfrute al leerme, y eso debería ser mucho más sencillo. Sin embargo, dejando de lado eso del lenguaje metafórico y la exuberancia en la dicción, creo que la cita de Bloom lo dice todo: originalidad, poder cognitivo y sabiduría.

O en otras palabras: decir cosas que nadie haya dicho antes, porque nadie antes las pensó, y que eso signifique algo para el lector. Lo primero y lo segundo no son tan difíciles (dentro de lo difícil): mis ideas son raras, y lo único que tengo que hacer es aprender a explotar esa rareza.

En lo que toca a lo tercero, sí me jodo. Yo escribo para mí mismo nada más. A veces escribo para otras personas, pero cuando lo hago salen cosas bien feas de leer. Así que de sabiduría me queda más bien poco, y de esperanza un tanto menos.

¡Bah! Al fin y al cabo yo solamente escribo el blog para organizar mis ideas.

(Igual es un propósito, y uno puede fracasar tan bien como puede tener éxito).

¿Qué tan difícil puede ser organizar las propias ideas?

(Mejor hablar de eso en otro momento).

Referencias
Bloom, Harold. El canon occidental. Anagrama: Barcelona, 1995.