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¿Es racional Dios?

Un pensamiento fugaz que no podía resistirme a compartir y que fue tomando cuerpo conforme iba escribiéndolo.

Los ateos tenemos la costumbre de exigirle a los creyentes que justifiquen su creencia en Dios, sobre todo porque nuestra experiencia nos indica que tales justificaciones suelen ser bastante pobres. En efecto, cuando se les cuestiona de esa manera, muchos de ellos contestan que la fe no puede ser razonada, que Dios está en una categoría más allá de la razón. ¿Cómo podemos esperar abarcar la grandeza de Dios con nuestro raciocinio humano?

Lo primero que hay que señalar es que la razón es la única manera que tenemos de comprender las cosas (o si no, háganme saber de algo que se pueda comprender sin recurso a ella). Si Dios no puede ser comprendido por la razón, mucho menos por cualquier otro medio. Más les valdría decir que Dios no puede ser comprendido en absoluto (y así las cosas, ¿de qué sirve creer en él?).

Pero me parece que esa respuesta pone de relieve una cuestión distinta. ¿Qué significa que Dios esté más allá de la razón? ¿Significa que Dios tiene una manera de pensar distinta a la de los demás seres humanos? Aclaración rápida: cuando digo “Dios”, entiendo una entidad inteligente que controla los hechos del mundo, pues ésa es la noción de Dios que suelen manejar quienes afirman esta clase de cosas. No le concedo sino cuatro alternativas a Dios, a saber:

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Por eso no confío en los teólogos

John W. Loftus es un filósofo estadounidense, crítico de la religión y defensor del ateísmo. Es autor de varios libros de crítica al cristianismo, inspirados en los libros de autores como Sam Harris y Richard Dawkins.

Loftus mantiene un blog, Debunking Christianity (“desmintiendo el cristianismo”). Entre las ideas que divulga está la Prueba del Ajeno para la Fe (“Outsider Test for Faith”), la noción de que cada creyente debe examinar sus creencias como si fuera un ajeno, un observador externo a ellas.

Una de las críticas que suele hacérsele a Dawkins es que al hacer afirmaciones sobre la existencia de Dios está saliéndose de su ámbito, ya que ese asunto concierne exclusivamente a filósofos y teólogos. En una entrada reciente, Loftus explica por qué esa clase de críticas carece de fundamento:

Pongamos que un reconocido experto en gatos afirma que un gato habló. No hay que ser un experto en gatos para decir que se necesita la evidencia de ello. Tampoco necesitamos una teoría del conocimiento para ponerlo en duda. Pero si tú crees que el gato habló, sí te hace falta. Tendrías que inventarte una buena dosis de gimnasia intelectual para que los demás pensaran que tu afirmación es decente. Moraleja: Tampoco hay que entender mucho de epistemología ni de teología sofisticada para poner en duda la existencia de Dios. En efecto, hasta un niño puede hacerlo.

La ruleta de Pascal

La “apuesta de Pascal” es un argumento a favor de la creencia en Dios, propuesto por el francés Blaise Pascal, que va más o menos así:

  1. No podemos saber si Dios existe o no.
  2. Si Dios no existe, da igual que creamos en él o no.
  3. Si Dios existe, los creyentes van al cielo y los no creyentes van al infierno.
  4. Por lo tanto, no importa que Dios no exista, la mejor opción es creer.

Lo que Pascal no tuvo en cuenta es que, si crees en el dios equivocado, te vas a ir “al infierno” de todos modos. Por eso, los amigos de FriendlyAtheist.com nos presentan la Ruleta de Pascal, la apuesta como realmente debe ser:

Pascal's Roulette

A mí me llevó unas treinta o cuarenta vidas, pero finalmente gané con mi fe en el Monstruo de Espagueti Volador. ¡Ramén!

Para un tratamiento un poquito más serio del asunto, la brillante Greta Christina nos explica en su blog por qué la apuesta de Pascal apesta.

La razón no es un plástico

El mundo está lleno de opiniones, muchas de ellas tan difíciles de aceptar o rechazar que dan lugar a debates aparentemente interminables. Yo solía creer que la razón es extremadamente flexible y que cualquier postura, cualquier idea, puede justificarse si la doblamos de la manera adecuada; y pensaba, por tanto, que la razón no es suficiente para conocer el mundo en realidad.

A mi manera, tenía razón y estaba equivocado. Es verdad que la razón no es suficiente para conocer el mundo, pero eso se debe a que nada puede justificarse sólo a partir de la razón. Las cosas se justifican a través de la razón, pero a partir de la experiencia. Por eso, nuestro razonamiento se subordina a nuestra experiencia del mundo, y aquello que no es congruente con la experiencia no puede justificarse con ningún razonamiento, sin importar cuán retorcido sea.